LUCHA POR LO QUE QUIERES

Cuando alguien evoluciona, también evoluciona todo a su alrededor, cuando tratamos de ser mejores de lo que somos, todo a nuestro alrededor también se vuelve mejor.
Eres libre para elegir, tomar decisiones, aunque solo tu las entiendas, toma tus decisiones con coraje, desprendimiento y, a veces, con una cierta dosis de locura.
Sólo entenderemos la vida... y el universo, cuando no buscamos explicaciones. Entonces todo queda claro.
Aprender algo significa entrar en contacto con un mundo desconocido, en donde las cosas más simples son las mas extraordinarias. Atrévete a cambiar, desafiate, no temas a los retos. Insiste una, y otra, y otra vez. Recuerda que sin fe, se puede perder una batalla que ya parecía ganada. No te des por vencido, Acuérdate de saber siempre lo que quieres. Y empieza de nuevo. El secreto esta en no tener miedo de equivocarnos y de saber que es necesario ser humilde para aprender. Ten paciencia para encontrar el momento exacto y congratúlate de tus logros, y si esto no fuera suficiente... analiza las causas.. e inténtalo con más fuerza.

"Es importante que uses tu discernimiento en cada mensaje que lees, sólo toma los que te hacen vibrar, los que no deséchalos, ten presente que el poder de la verdad está en tu interior, tú y solo tú sabrán cuál es".



El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La muerte, el arte de la mutación (o la mariposa dorada de la alquimia)

La muerte como la última mutación con la que se puede acceder a la eternidad. El entendimiento de la muerte como la energía que llama a la vida a superar su estadio y emprender el vuelo consciente del espíritu.

“What the caterpillar calls the end of the world, the master calls a butterfly”,

Richard Bach

La sincronicidad de la muerte de estos últimos días es la motivación de escribir este artículo, básicamente una reflexión rizomática sobre la posibilidad alquímica de que la vida y el cuerpo humano se conviertan en un vehículo para acceder a una realidad superior sin perder la conciencia. Y que la muerte es esa posibilidad (de lo imposible), la última mutación.

En diversas partes del mundo en estas fechas se celebra la apertura de una especie de portal entre los vivos y los muertos —las almas fantasmales que vagan entre mundos, según algunas representaciones, sin saber que han muerto, apegadas a imágenes de su pasado. Lo más notable de esta fecha es que justamente hace de la muerte una celebración, una fiesta, y aunque el profundo simbolismo de esto parece haberse perdido, el espíritu se rescata.

Diversas culturas y tradiciones ocultas han entendido la muerte como un aliado. En alguna de esas Mil y una Noches árabes que simulan el infinito se dice que el día de la muerte es más importante que el día del nacimiento. Esto es lo que intentaremos dilucidar aquí.

La sincronicidad de la que hablé al inicio de este post comenzó cuando estaba en el hospital, hace unos días, después de un proceso de anestesia y acaso dosificado por un sutil cóctel de morfina (la “muerte fina”). Mi mente empezó a divagar entonces por los recovecos de mi memoria, anaqueles de una biblioteca etérea que estaba en ese momento ordenada de una manera fuera de lo común, permitiendo realizar conexiones en diferentes niveles. Cierta sensibilidad me hizo pensar que si bien los hospitales son lugares deprimentes, pensar en la muerte no lo es. Al contrario, pensar en la propia muerte, es la motivación más grande —de una forma para mí análoga, los astrofísicos han descubierto que los agujeros negros podrían ser la fuente más grande de energía del universo.

Sin poder dormir leí una frase de Steve Jobs, quien acababa de morir, que me llamó la atención (aclaro que no soy un gran admirador de este CEO casi consagrado). La frase es la siguiente:

“La muerte es seguramente la mejor invención de la vida. Es el agente de cambio de la vida”.

Me llamó la atención cómo Jobs, moralmente cuestionable pero ciertamente un hombre que pudo manifestar su voluntad en el mundo, sugiere que la muerte era lo que lo movía a hacer.

Unos días después estaba traduciendo para Pijama Surf el texto de Aeolus Kephas de La Promesa de la Serpiente que tiene el siguiente epígrafe:

«Los brujos dicen que la muerte es el único adversario digno que tenemos… la muerte es nuestro retador… La vida es un proceso a través del cual la muerte nos reta… La muerte es la fuerza activa en nosotros. La vida es el escenario. Y en ese escenario hay dos contendientes en todo momento: uno mismo y la muerte… Somos pasivos… Si nos movemos, es solo cuando sentimos la presión de la muerte» (Carlos Castaneda, The Power of Silence).

Estas dos citas claramente se vinculan. La muerte, paradójicamente, como fuerza activa de la vida: frontera magnética, extraño atractor, punto omega de nuestro microcosmos. Ya lo había hecho Freud describiendo el orgasmo con una pequeña muerte (en términos más modernos podríamos decir que es un fractal de lo que ocurre al morir). Por otra parte, tenemos las descripciones de algunos psiconautas que comparan un viaje de DMT con lo que la cultura relaciona emblemáticamente con la muerte —la luz en el túnel, la fusión con el universo o la divinidad, la memoria de toda una vida estallando— pero también, a la vez, con una sensación erótica de estar teniendo sexo y experimentando un orgasmo inmenso.

En la filosofía chamánica de Don Juan Matus, el brujo que aparece en los libros de Carlos Castaneda, según expone Aeolus Kephas en el artículo citado, el hombre debe de burlar las fauces despiadadas del universo predatorial (el Águila) si no quiere regresar al abismo de la materia, fundirse con el Todo, pero perder su individualidad, la oportunidad, quizás, de convertirse en una especie de demiurgo consciente. Para hacer esto debe operar su cuerpo para transformarlo en un vehículo energético capaz de mantener su memoria y conciencia individual ante el sacudimiento del infinito.

«Cuando una persona muere en un estado completamente “activado” —con todas las células individuales unidas para formar un circuito— la red completa se puede transformar en un vehículo para ser poseído por el “Espíritu”, una “Merkaba” para que la conciencia divina se deslice hacia la eternidad —fundiéndose con el infinito y conservando a la vez los remanentes de su auto-conciencia», explica Kephas.

Esta versión posmoderna de la vida después de la muerte ha sido expresada misteriosa y poéticamente por la alquimia desde hace miles de años. Podemos creer, incluso, que es la base de todo misticismo. Es el significado oculto y más rutilante del cristianismo (en el misterio de la resurrección) que se desprende de la religión egipicia y tiene en Osiris, como dios solar que renace, un claro avatar. Quizás las religiones, como instituciones de poder, son principalmente métodos de ocultamiento y de simbolización de un conocimiento que es fundamentalmente individual: el aprender a morir y transmutar la materia en espíritu. Y como entes colectivizantes, que obtienen su poder de la ignorancia de las masas, de su capacidad de pastorearlas, podemos esbozar la hipótesis de que las grandes religiones han cuidado con máximo celo este conocimiento, al punto de que se ha tergiversado la sabiduría y las enseñanzas de la antigüedad y, paralelamente, se han formando sociedades secretas y ritos inicáticos.

Siguiendo con la sincronicidad temática que culmina en esta visión de la muerte como el arte de la mutación y verdadero significado de la obra alquímica, encontre en mi lectura de esta semana un breve libro de Roberto Calasso, Los jerogíficos de Sir Thomas Browne, una sublime manifestación de esta energía de la muerte que madura la vida.

Sir Thomas Browne, como Athanasius Kircher y otros más, pertenece a un selecto grupo de escritores, filósofos, bibliotecarios y coleccionistas cristianos que practicaron el neoplatonismo hermético y se acercaron al Ars regia de la alquimia. En su obra Religio Medici, Sir Thomas Browne expresa una lúcida concepción del alquimia desde el cristianismo:

«Ahora bien, la naturaleza no es una desviación del arte ni el arte de la naturaleza, pues ambos son solo los sirvientes de la providencia: el arte es el perfeccionamiento de la naturaleza; si el mundo estuviera como estuvo en el sexto día de la creación, aun habría un caos: la naturaleza ha producido un mundo y el arte otro. En resumen, todas las cosas son artificiales, pues la naturaleza es el arte de Dios».

Pero en un pasaje más largo, sin duda memorable, donde Browne vincula el arte de la alquimia con la muerte como máximo proceso de metamorfosis, explica:

«En aquel mundo oscuro que es el útero de nuestra madre, nuestra estancia es breve y se mide por las lunas pero es, incluso así, más prolongada que los días completos de muchas criaturas bajo el sol [...], luego ingresamos al escenario del mundo y nos convertimos en otra criatura y practicamos las acciones razonables del hombre y proyectamos veladamante esa parte de divinidad que llevamos en nosotros pero nunca hacemos de manera total ni perfecta hasta que desechamos también nuestra segunda placenta, es decir, este revistimiento de la carne, y llegamos al ubi de los espíritus. La noción superficial que tengo de la piedra filosofal (que es mucho más que la perfecta exaltación del oro) me ha enseñado mucha teología y ha instruido a mi creencia sobre cómo el espíritu inmortal y la substancia incorruptible de mi alma puede yacer en lo oscuro y dormir mientras permanece en esta casa de la carne. Las extrañas y místicas trasnmigraciones que he observado en los gusanos de seda transformaron mi filosofía en teología [...]. Por ello he rechazado todas las estrictas definiciones que hablan de la muerte como “privación de la vida”, “extinción del calor natural” o “separación del cuerpo y el alma”, y me he formulado una nueva definición hermética que se acomoda a mis propias convicciones: est mutatio ultima qua perfictur nobile ilud extractum microcosmi, pues para mí, que considero las cosas desde un punto de vista experimental y natural, el hombre no es sino una transformación, una fase preparatoria para el último y glorioso exlixir que yace aprisionado tras las cadenas de la carne».

La parte velada “de divinidad” es a lo que Sir Thomas Browne, en otra parte, se referiría como “el sol invisible” (en su hermosa y legendaria frase: “life is a pure flame and we live by an invisible sun within us”). También es el crisol en el que “el gusano de seda” podrá tener su crisálida. Morir mas vivir: est mutatio ultima qua perfictur nobile ilud extractum microcosmi:la ultima mutación por medio de la cual se perfecciona lo noble que se extrae del microcosmos”.

Aquí también tenemos un brillante entendimiento del hombre, y de la naturaleza, como transformación, al igual que la alquimia donde se concibe al universo como un proceso de refinación de la materia o espiritualización. Todo es devenir, podríamos decir, también invocando al gran químico Ilya Prigogine. Un antiguo aforismo de la alquimia reza: ”El arte no crea ninguna semilla”. La labor del alquimista es liberar la quinta essentia, en su propio atanor, para que se transforme en el corpus resurrectioni, el cuerpo más allá del cuerpo, el cuerpo de luz, el cuerpo crístico.

«Los metales tienden todos a convertirse en oro, y sus correspondientes microcósmicos tienden paralelamante a transformar el cuerpo en corpus resurrectionis, pero la naturaleza se ha petrificado en una etapa de este proceso: el opus alchymicum disuelve antes que nada dicha petrificación reduciendo los elementos a la prima materia y de esta, a través de varias fases y regímenes, libra lalapis philosophoroum, que en muchos textos se compara con Cristo», escribe Roberto Calasso.

Esta descripción es notablemente parecida a la intención del yoga de desbloquear losnadis, los canales energéticos, para que fluya la fuerza vital o Kundalini. La petrificación del cuerpo —un resultado de la densidad mental— no deja fluir la energía que tiende, como un geíser, hacia arriba. Por alguna razón misteriosa esta tendencia aurífera de los metales, que es tambien la tendencia de la materia a espiritualizarse (expresada por Teilhard de Chardin bajo el concepto de complejificación), ha sido interrumpida. Quizás es esta una de las consecuencias de lo que se conoce como la Caída o la expulsión del Paraíso: una especie de corto circuito en el proceso natural de iluminación. Según señala el Génesis, Dios hizo que Adán participara de la muerte y regresara al polvo del cual fue hecho. La alquimia, como un hack de la divinidad, como una mordida íntegra al Árbol de la Vida, posibilita ese estado inmortal, justamente a través de la muerte, el momento en el que se enfrenta y purifica este estigma. Para el cristianismo la forma de superar este estigma es a través de la penitencia y de la expiación, plantarnos ante San Pedro, arrepentirnos y contarle nuestros pecados; la alquimia postula que es necesario una expiación (destilación) pero de la historia psicofísica de una persona para, en el momento de la muerte, poder realizar el vuelo del alma, la psicrisálida. La diferencia es que la alquimia no depende de la intercesión de una entidad superior, sino de la liberación de esa entidad que yace oculta en el cuerpo.

Al igual que Sir Thomas Browne, el poeta John Donne entendió la transmutación alquímica de la muerte desde el cristianismo y el amor romántico, en el Epitafío para sí mismo, dedicado a la condesa de Bedford:

Aunque ninguna losa te cuente lo que fui, podrás

ver dentro de mi tumba lo que tú eres;

mas aún no llegas a tal punto: hasta que la muerte

nos acueste aquí para madurar, no somos sino arcilla terca;

nuestros padres nos hacen barro y el alma, que dignifica,

nos torna en vidrio, aquí yacemos para volvernos en oro.

Y también en la Elegía para Lady Markam:

Al igual que los chinos que, al pasar una era,

recogen porcelana donde habían enterrado arcilla,

así en esta tumba (que es alambique y ahora refina

los diamantes, rubíes, zafiros perlas y minas

que hacían su carne) su alma transmutará

la carne sustancia tal, que Dios, cuando con su último fuego

anule el mundo, por recompensarla, la hará

y nombrará el Elíxir de este Todo.

Ambos poemas conciben a la muerte como el proceso de maduración y mutación en el que la vida fructifica hacia la divinidad, en términos alquímicos, donde la tumba se convierte en el laboratorio del alquimista. En el caso de Donne el llamado es al alma, que dignifica el barro, a transmutar la carne. Lo cual podríamos entender como la posesión de la divinidad que finalmente culmina durante la muerte.

Por último queda hacer referencia a la mariposa que se erige como símbolo de la muerte alquímica, de la transmutación del cuerpo en sol, o en oro, o en espíritu. En el caso de Castaneda tenemos un interesante episodio en Relatos de Poder en el que Don Juan le dice que “las polillas [mariposas negras] son los heraldos, o mejor áun, los guardianes de la eternidad” y que “las polillas llevan un polvo en sus alas, un polvo de oro oscuro. Ese polvo es el polvo del conocimiento”. Las polillas, como cualquiera podría adivinar viéndolas, han sido relacionadas con la muerte por diferentes culturas; ese polvo de eternidad, ese polvo de conocimiento, podríamos decir que es la muerte.

También en el libro de Calasso sobre Sir Thomas Browne encontramos en el capítulo sobre los jeroglíficos la descripción de un antiguo emblema relacionado con la divisa del Emperado Augusto —Semper festina Lente (“siempre apresúarte con calma”)— en el que aparece un cangrejo y una mariposa. Waldemar Deonna describe la figura como un símbolo que va más allá de la conjunción de la lentitud y la rapidez. Dibuja las dos puertas solsticiales, Cáncer y Capricornio, ianua inferni y ianua coeli, la puerta del infierno y la puerta del cielo. La mariposa se convierte en un símbolo del renacimiento del Sol en el solsticio de invierno, fecha también relacionada con el nacimiento de Jesús (y ahora con el supuesto fin de una era planetaria según el calendario maya). El cangrejo es el animal del mar, de la madre, de la materia que sale del agua en su proceso evolutivo que culmina en la elevación espiritual de la mariposa. El Sol muere ese día, desciende a la máxima oscuridad. Pero renace como un ser espiritual, procediendo con calma dentro de la premura de las tinieblas. La mariposa es tradicionalmente el animal del alma; a la diosa Psique se le representaba como una mariposa.

Regresemos a la cita inicial de este artículo de Richard Bach, la cual podemos traducir como “Lo que la oruga llama el fin del mundo, el maestro llama la mariposa”. En este sentido, lo que nosotros llamamos la muerte y el fin de la vida, el alquimista llama la transformación. El cuerpo puede ser ese puerto espacial del cual se despliegan las alas de oro del espíritu y surcan la eternidad sin perder conciencia de haber sido la oruga, el cangrejo, el hombre y siempre Dios.

martes, 1 de noviembre de 2011

La oscura relación entre Hollywood y el Ejército de EUA (el control mental militar del cine)


Hollywood y el Pentágono han copulado en la oscuridad desde los inicios de la industria del cine y de paso han copulado con tu mente con una incesante —a veces sutil, a veces explícita— propaganda, que es lo que sustenta la demencia planetaria que permite que vivamos en guerra.

Parte fundamental del entretenimiento es que el producto final no revela lo que hay detrás: esto es lo que ha sido llamado “la magia del cine”. No vemos los monumentales sets (maquetas, animaciones digitales o cartón); no vemos a los cientos de personas que participan para lograr una toma; no vemos, en lo absoluto, las cámaras, las luces, los micrófonos y toda la tecnología que permite que la imagen con todo su brillo y poder entre a tu mente. Pero tampoco vemos, a menos de que seamos muy atentos, la ideología y la propaganda que motiva, de raíz, los programas y películas de “mero entretenimiento” que millones de personas ven todos los días.

Como expondremos aquí, basándonos en datos verificables, todos somos objeto de una operación propagandística de control mental, que tiene uno de sus frentes más claros y mentalmente más invasivos en la relación entre el Ejército de Estados Unidos y Hollywood, tanto, que es apropiado hablar de estas industrias como una sola de Entretenimiento-Militar (o Military-Entertainment Complex, como se le llama en inglés).

Esta estrecha relación se basa en una conveniente dependencia entre ambas industrias. Por una parte Hollywood necesita de los “juguetes” del Ejército para filmar cualquier escena de guerra o incluso del género futurista (usando tecnología que dé verosimilitud); por otra parte, el Pentágono necesita de la difusión, del marketing de Hollywood para promover un perenne estado de guerra, convencer a los ciudadanos de enlistarse en la milicia o mostrarse complacientes con un Estado que tolera que sus contribuciones sean usadas para financiar la monstruosa máquina bélica. La publicidad directa, el Ejército lo ha notado, no es tan efectiva como la glorificación de la guerra y la empatía que logran, con todo el arte dramático, los magos del show business, los forjadores de sueños del bosque sagrado de Hollywood. Además existe un lazo profundo entre los grandes estudios de Hollywood, sus dueños y los dueños de las grandes compañías como General Electric, NBC y Universal, que también tienen participación en la industria militar. Un negocio redondo.

Cuando podríamos pensar que la sociedad está cansada de la guerra, se viene, necesariamente para dinamizar esta economía neuropolítica, una cuantiosa camada de cintas que exaltan el espíritu de la guerra y lo incrustan en la profundidad de la psique de los ciudadanos —que a fin de cuentas son los que pagan, lo mismo los boletos de cine que los misiles y aviones de guerra.

David Sirota, cuyo trabajo encomiamos por dar a conocer en el mainstream la colusión entre Hollywood y el Pentágono, advierte que se aproxima una serie de películas cuyo objetivo es ensalzar a los Navy Seals y, claro, reforzar la ideología pro-guerra. El director Peter Berg acepta incluso que en su próximo tributo cinematográfico a los Seals contó con la aprobación del Pentágono. “La idea de una vieja cinta de combate, en la que la política está muy clara —apoyamos a estos hombres— fue más atractiva para ellos”, dijo Berg, haciendo notar que la película será “un desinhibido tributo a la valentía de los Seals”. Saquen los violines, las gotas perladas de su sudor en close-up, los lentes de nightvision y las ráfagas de artillería de última generación.

La renombrada dierctora Kathryn Bigelow (primera mujer en ganar el Oscar al mejor director y esposa del agente de la industria militar, James Cameron) es la elegida para dirigir la oda fílmica a la captura de Osama bin Laden. La película hará uso de información clasificada brindada por la CIA y evidentemente contará una historia para que se regodee el Pentágono. “La misión fue un triunfo estadounidense, tanto heroico como apartidista, y no hay ninguna base para sostener que nuestra película representará esta enorme victoria de otra forma”, dijo Bigelow, endulzando los bigotes de los peces gordos del Pentágono.

Ahora veamos que esta connivencia, como brazo de propaganda, es tan vieja casi como la industria del cine y mucho más sutil y poderosa que lo hecho por Goebbels.

FUEGO AMIGO: UNA BREVE HISTORIA DE AMOR ENTE HOLLYWOOD Y LA INDUSTRIA MILITAR

David L. Robb documenta en su libro Operation Hollywood la enorme cantidad de películas que han sido subvencionadas y avaladas por la industria militar. Esta sociedad, que a fin de cuentas hace sumerchandising sobre la mente de las masas, se sella cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial, estableciéndose paralelamente el Comité de Información Pública que formula las pautas a seguir para promover el apoyo doméstico. En 1917 el diario de la industria del cine, Motion Pictures News, proclama: “Todo individuo trabajando en la industria ha prometido proveer afiches, películas, tráilers y negativos para esparcir la propaganda necesaria para la inmediata movilización de los grandes recursos de la nación”.

La ganadora del primer Premio de la Academia a la Mejor Película, Wings (una especie de proto Top Gun de 1927), contó con todo el apoyo del Pentágono.

Con la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial la colaboración se expandió niveles inéditos. Los estudios de Hollywood produjeron, a la velocidad de las palomitas de maíz, una serie de dramas de guerra para exaltar el heroismo del esfuerzo estadounidense en combate. Numerosas películas se produjeron, pero quizás la más conocida sea el documental Why We Fight, presentado en siete entregas (1942-1945), obra del brillante director Frank Capra (italiano de origen), quien en cierta medida jugó el mismo papel que Leni Riefenstahl en la Alemania Nazi.

En los años 50 la milicia trabajó con Lassie para mostrar nueva tecnología militar y produjo “Mouse Reels” para el Mickey Mouse Club: uno de los programas mostraba a unos niños visitando el primer submarino nuclear (eso es lo que se llama formar futuros). Al respecto el periodista David Robb descubrió un memorándum del Pentágono, de esa misma época, en el que sea hacía notar que la producción mediática enfocada en los niños “es una excelente oportunidad para introducir a una nueva generación a la Marina nuclear”.

Los niños siguen siendo el blanco del Pentágono. Como afirma David Sirota en su nuevo libroBack to Our Future, buena parte de la industria de los videojuegos fue subsidiada en el inicio por contratistas militares, de donde se entiende por qué la mayoría de los primeros juegos tuvieron una inclinación marcial (Atari Combat, Misile Command, Contra, etc.) Y si bien esto es algo que aún prevalece, será el tema de un artículo próximo.

Sin embargo, la influencia del Pentágono no se limita a películas de guerra o videojuegos. La comedia disparatada Stripes, con Bill Murray, fue drásticamente alterada en su preproducción, evitando mencionar las bases militares y la influencia del Ejército de Estados Unidos en América Latina.

Jurassic Park III (2001) recibió dos helicópteros Seahawk, cuatro vehículos anfibios de asalto y ochenta miembros de la fuerza naval para redar una playa al final de la película (porque además, por si lo anterior no bastara, en la nueva gama de películas de Navy Seals se obliga a los soldados a ser actores). Esto se dio bajo el acuerdo de hacer “product placement” militar. Un beauty shot muestra el logo de la Fuerza Naval durante el momento cumbre del rescate de los protagonistas y se incluyó una línea de diálogo donde se agradece a los marines (esos héroes de la forzada imaginaria pop).

Se sabe bien que películas como Rambo y Top Gunaumentan el reclutamiento militar. Según la Fuerza Naval, el estreno de Top Gun hizo que aumentara hasta 400% el número de jóvenes que se enlistaron para la aviación naval. Tanto se entusiamó el Ejército por dicha película que incluso organizaron eventos de reclutamiento en las salas de cine —pretendiendo vorazmente canalizar la fresca inspiración pro militar de la cinta. “Los chicos salían de la sala con los ojos tan grandes como platillos y decían ‘¿Dónde firmo’”, declaró el mariscal David Georgi (“¡Hey! ¡Tú puedes ser el próximo Maverick!”). Incluso hoy en día, como parte de ese tenebrosofeedback, se nombran misiones militares con personajes y códigos de la película Top Gun y otras fantasías militares de los ochenta, implantando estos memes en las psiques de “Los lobeznos que han crecido y han ido Irak”, según se refiere el Ejército a esa generación.

Asesores especiales militares reciben un nombramiento especial para asegurarse que los directores no intenten introducir innovaciones fuera del guión que se alejen de las directrices del Pentágono. El mariscal David Georgi, asesor de la película Clear and Present Danger, le dijo a Robb: “Siempre está en la mente de los productores intentar darle un giro a la película en la dirección original que nos habían presentado [...]. Es mi trabajo como consejero técnico asegurarme que la película no se desvíe sustancialmente de la versión aprobada” (Operation Hollywood, p. 38).

Esta intereferencia es tal que hoy en día ni siquiera la tratan de ocultar. La Oficina de Entrenimiento de la Fuerza Aérea incluso tiene su propio sitio web Wings over Hollywood y la CIA nombró en el 2001 a su asesor oficial para la industria del cine.

Después del 11 de septiembre el principal asesor político de George W. Bush, Karl Rove, se reunió con los jefes de las grandes casas productoras para obtener su apoyo en la guerra contra el terror.

En junio de este año, Michelle Obama reunió a 500 productores, escritores y actores en Los Ángeles para pedirles que incorporaran más historias militares familiares al entretenimiento como parte de la iniciativa de la Casa Blanca ”Joining Forces”.

Entre las películas más recientes que han contado con el apoyo de equipo militar se encuentran los blockbusters Trasnformers 3 y Battle of Los Angeles(una película en la que el Ejército lucha contra unos OVNIs, algo que podría ser parte de la nueva gran agenda de programación predictiva del Pentágono: extraterrestres y transhumanismo).

En contraste, hay que resaltar las películas que no recibieron apoyo de la industria militar porque sus directores se negaron a modificar la historia: The Last Detail (1973), Apocalypse Now (1979), An Officer and a Gentleman (1982), Born on the Fourth of the July (1989) y Forrest Gump (1994).

Por otra parte, como señala David Robb, la manera preferencial en la que el Pentágono apoya a ciertas películas y a otras no es una violación de la Primera Enmienda de Estados Unidos, en la que se hace manifiesto no solo el derecho a la libre expresión, sino también que el gobierno no deberá favorecer una expresión sobre otra. La infraestrcutura militar de Estados Unidos le pertenece a los ciudadanos, por lo cual, en teoría, no debería de comportarse como una corporación privada en la que se puede escoger, arbitrariamente, con qué empresa se trabaja. En todo caso se debería de licitar el uso de su tecnología a cualquier película y no solo a aquellas que aceptan glorificar sus intereses.

Hoy en día un manojo de compañías controlan el cine en Estados Unidos, princpalmente Disney, AOL-Time Warner, Sony, General Electric, News Corporation y Seagram. Los intereses de estas compañías generalmente están alineados con los de la industria militar y sus contratistas, como parte de una gran obra (sangrienta) de ficción planetaria. Como dijera Rupert Murdoch en el 2003, después de la invasión de Irak, una ocupación exitosa bajaría los precios de petróleo y beneficiaría la economía: “Esto sería más grande que cualquier reducción de impuestos en cualquier país”.

Lo que vemos, y hay que llamarlo por su nombre, es una sociedad semisecreta, a caballo entre el poder político-militar y el poder de entretenimiento-económico, intercalando posiciones hasta fundirse en un aparato de control único. La sociedad del espectáculo en la que vivimos no es solamente la casualidad del mercado libre y de la naturaleza humana de buscar entretenimiento o de consumir historias. Lo sabían los grandes políticos griegos: el teatro es el perfecto escenario de adoctrinamiento justamente porque los ciudadanos no lo rechazan reempaquetado, glamorizado y supuestamente libre de la ideología política oficial. El cine es el aparato de adoctrinamiento más poderoso inventado hasta la fecha porque simula la realidad al incorporar todas las artes en un mismo flujo, convirtiéndose en una extensión de nuestros sueños, de nuestras imágenes mentales y, por lo tanto, penetra el inconsciente, donde implanta sus semillas. Esta frase de F.Scott Fitzgerald (citado por Jason Horsley) encierra la magnitud de esta brujería:

“La películas nos han robado nuestros sueños. De todas las traiciones esta es la peor”.

Sueños minados, mentes militarizadas. Para que el mundo permita que siga sana y campante la industria de la guerra (algo totalmente demente) se necesita una imperceptible lobotomía de la mente global. ¿De qué otra forma aceptaría un joven ir a morir a una tierra lejana solamente para que los CEOs de las grandes compañis petroleras, de los bancos, de las grandes productoras, engrosen los ceros en sus cheques a fin de año? ¿De qué otra forma odiaríamos a los habitantes de un país que no conocemos y que no nos han hecho nada (solo han agredido un supuesto ideal), que viven a miles de kilómetros, si no somos bombardeados mentalmente para conseguir el efecto de que percibamos a estas personas como malignas y pensemos que debemos destruirlas en pro de la libertad o alguna otra abstracción?

Así que si alguna vez te habías preguntado por qué incluyen balaceras y persecuciones injustificadas en casi todas las películas de Hollywood, ahí tienes tu respuesta. Ahora pide que te regresen un cerebro que pueda estar en paz.